¿También tú has pasado por un momento difícil y que, al parecer, no tiene salida? A veces hay situaciones que nos impulsan a cambiar. Eso me pasó a mí. Y hoy quiero contarte mi historia.

No puedo asegurar que me sentía infeliz o amargada, simplemente vivía mi vida con prisa y nunca me detuve a pensar en mí hasta que mi cuerpo me exigió detenerme.

Fue como frenar en seco. Trabajaba alrededor de 12 horas diarias, en una oficina donde todo era urgente. Poco tiempo me quedaba para pensar en mí y en mis necesidades.

Cabe mencionar que mi salud no siempre ha sido la mejor, desde temprana edad me hice dependiente de la comida chatarra, por la falsa creencia de que es “más rica que la comida saludable”. Eso, combinado con la falta de ejercicio, fue provocando que mi estado de salud decayera y eso afectó mi autoestima, la relación con mi familia y amigos, mi desempeño en el trabajo. Cansancio, apatía, flojera, era tan normal para mí sentir eso. ¿Te imaginas vivir la vida con esos sentimientos a flor de piel?

Todo iba de mal en peor

 

Estaba tan enfocada en trabajar que cuando llegaba a casa ya estaba muy cansada para cocinar. Por lo que recurría a lo más fácil, por lo general, la comida rápida. Bien dicen que lo más fácil no es lo mejor y que lo barato sale caro.

Vivía cansada, estresada, decaída… Ahora reconozco que esa no era la vida que yo deseaba tener, ni la que merecía, y fue mi cuerpo quien me dio un ultimátum: o cambias tus hábitos o no la vas a pasar bien.

Comencé a sentirme muy mal y no entendía qué me pasaba. Los resultados eran claros: mi cuerpo estaba agotado y no podía seguir manejando ese nivel de estrés y sobrepeso, una combinación que, de seguir así, podría matarme… O bueno, al menos hacer que el resto de mi vida luche por controlar problemas de presión, cardiacos y privarme para siempre de la comida con sabor.

Me asustó mucho el panorama, pues apenas tenía 32 años y muchos sueños por cumplir, pero para eso, tendría que realizar algunos cambios significativos en la vida diaria.

 

Finalmente, abrí los ojos

 

Lo primero que tenía que hacer era cambiar mi dieta, tomarme las cosas con calma y hacer ejercicio.

Me puse en manos de los expertos, lo que me enseñó no sólo a saber las cantidades correctas, sino a prestar atención a los alimentos que consumo. La etiqueta “light” o “baja en calorías” no siempre es garantía de SALUDABLE ¡Y vaya que me tomó tiempo entenderlo! Prestar atención al origen de los productos que consumo día a día es un hábito imprescindible en este cambio de vida, en esta nueva oportunidad que tengo de demostrarme cuánto me amo y cuánto me importa compartir lo mejor de mí con la gente que quiero.

¿Un ejemplo? Para mí la sal -ese ingrediente que se utiliza en todos los platillos, todos los días- era indiferente. ¿Qué importaba? ¡Todas saben igual! Pero claro, mi nutriólogo me hizo darme cuenta de ese grave error: la diferencia de la sal no está en su sabor sino en lo que hace con tu salud.

Entendí que para cerrar ese ciclo -que parecía más una pesadilla-, debí hacer cambios radicales en mis hábitos alimenticios, en mi forma de ver la vida, de disfrutar la comida y de amar mi cuerpo. Y lo hice.

 

Un cambio real en mi vida

 

Cambios “insignificantes” como optar por sal de mar en lugar de la de mina (incluyendo sal del Himalaya), respirar profundo, encontrar el tiempo para hacer lo que me gusta. ¿Quién dice que las grandes cosas se construyen de un día para otro? Cada grano de arena hacen que el mar sea imponente. Paso a paso, pequeños cambios que repercuten en algo más grande y mejor.

Me siento feliz, pues he aprendido a escuchar mi cuerpo y a darle lo que necesita. Comparto momentos increíbles con las personas que quiero, descubro sabores y platillos nuevos todo el tiempo.

¿Sabes? A veces las situaciones difíciles por las que atravesamos no son más que oportunidades para cambiar, para mejorar. Sí, tal vez estés pensando “¡Qué fácil es decir eso!” pero tenemos la fortaleza suficiente de emergir, de superar esas pruebas. Cree en ti, pide ayuda, nadie puede solo y un gran cambio requiere de un impulso y de sentirte amado.